10.5.06

Asilo


Diario de Teruel, 11/V/2006

Daba un poco de vergüenza el otro día leer cómo el maestro Muneta todavía no ha conseguido local donde alojar un conservatorio que sin él, sencillamente, jamás habría existido. Y todavía daba más vergüenza comprobar cómo se retiran los fondos para rehabilitar el asilo que diseñó Pablo Monguió, el arquitecto más importante que ha tenido Teruel, porque se conoce que no pega con las vistas del viaducto.
Muneta y Monguió se juntan ahora en una metáfora deprimente. Ambos pertenecen a esa clase de ciudadanos que llegaron a Teruel desde muy lejos y se consagraron a la ciudad como medio y objeto de sus aspiraciones artísticas. Monguió hizo casas para señoritos y asilos para viejos abandonados, portadas catedralicias y escuelas de primera enseñanza. Muneta empezó enseñando solfa en los colegios, como un misionero musical, y peleando con los tipógrafos que le escribían airoso donde el musicólogo había escrito arioso. El aire modernista, historicista, goticista, yo qué sé, con que Monguió adornó nuestra vida capitalina de hace un siglo se ha ido a juntar con el hermoso edificio musical que levantó Muneta en su conservatorio portátil. Ambas construcciones, la musical y la de piedra, son también patrimonio, y las pongas donde las pongas siempre serán gozosa consecuencia de la historia de la ciudad, no un estorbo ni un trampantojo.
Yo no sé cómo figurará en el catálogo patrimonial, pero el Asilo de los Desamparados, sus hastiales recamados de ladrillo, sus ventanas que daban a las huertas, visto desde ese viaducto al que ahora le estorba, era un edificio digno y recogido, plantado en curva, cuesta abajo, a orillas de la rambla, al cabo de la vida. En materia de arte, esta ciudad ha sido puente de plata, pero también asilo reparador. A veces, las personas a las que dio cobijo, en agradecimiento, le dieron parte de aquello que nos alegra los sentidos. Monguió ganó dinero y creó con libertad, pero nuestro patrimonio ha ganado mucho más con toda su obra, incluidas esas ruinas del asilo. Y Muneta se tendrá ganado el cielo de antemano, digo yo, pero nuestra cultura le debe, más que un agradecimiento, una consideración, un respeto.

1 comentario:

  1. Anónimo11:34 p. m.

    Gente necesaria




    Hay gente que con solo decir una palabra
    enciende la ilusión y los rosales;
    que con solo sonreír entre los ojos,
    nos invita a viajar por otros mundos
    y permite florecer todas las magias.

    Hay gente que con solo dar la mano,
    rompe la soledad, pone la mesa,
    sirve el puchero, coloca las guirnaldas;
    que con solo empuñar una guitarra
    te regala una sinfonía de entrecasa.

    Hay gente que con solo abrir la boca,
    llega hasta los límites del alma,
    alimenta una flor, inventa sueños,
    hace cantar el vino en las tinajas.
    Y se queda después como si nada.

    Y uno se va de novio con la vida,
    desterrando una muerte solitaria,
    pues sabe que a la vuelta de la esquina,
    hay gente que es así, tan necesaria.

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    Hamlet Lima Quintana
    Buenos Aires 1923/2002

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