10.6.09

Atrezzo

Las recreaciones históricas que triunfan por nuestros pueblos ya no sólo se dedican a la Edad Media fantasiosa y belenita, ni a imitar los juegos patrióticos americanos que conmemoran la Guerra de Secesión. Para empezar, ya no recrean algo de hace más de cien años, sino que se visten como quizás algún abuelo del pueblo fue vestido alguna vez. En un pueblo de Polonia se recrea la Segunda Guerra Mundial con miles de turistas que sonríen y hacen fotos a un destacamento nazi. En Torre de Arcas, asociaciones que se dedican a estos menesteres teatrales llevan varios años tomando el pueblo y disparando tiros bajo el balcón de quien quizás entonces salvó el pellejo de milagro, y aún está vivo. Los actores no se visten de delatores, de asesinos o de muertos de miedo, de hambrientos ni de desesperados. Son a la realidad lo que las películas americanas de los años 50 a la II Guerra Mundial. El juego consiste no en meterse en la historia sino en el celuloide, en jugar a ser partícipes de una ficción que representa, como una fiesta dominical, una barbaridad cuyos estragos aún no están limpios del todo. Es más, nos ponemos de acuerdo en la memoria histórica y al mismo tiempo la relegamos a su lejana condición de mito histórico, de juego infantil.

No juzgo; contemplo. Loores sean dadas a los organizadores de tan turísticos eventos y que cada cual se divierta como mejor le pete. Pero no deja de ser curioso que en vez de compañías ambulantes de teatro ahora rueden por los pueblos grupos que representan ante sus vecinos lo peor, lo más triste y doloroso de su propio pasado. La Memoria Histórica no consiste en que aún te duelan las balas, y estos grupos levantinos se las ven que ni pintadas cuando se trata de disfrazarse, aparte de que en su afición hiperrealista desarrollan una interesante labor de atrezzo y vestuario que puede resultar hasta instructiva. Son ciudadanos de la época del rol. Juegan a estar viviendo una aventura que ha sido previamente desinfectada de todo lo que pueda herir la sensibilidad del espectador. La mejor manera de superar las llagas del pasado y montar una buena compañía es, como al principio, que yo era el indio y tú el vaquero, y tú ahora te morías porque yo ya me he muerto antes. En estos casos el Ayuntamiento es esa madre que interrumpe el juego para que todos vayamos a merendar.

Diario de Teruel, 11 de junio de 2009

1 comentario:

  1. Anónimo10:56 p. m.

    Yo también creo que a estas "representaciones" les falta un agua. Cuando todavía queda gente, muchos abuelos y abuelas, que lo perdieron todo: padres, hijos, hermanos, maridos y mujeres, tierras, casas, trabajo, salud y dignidad, habemos gente que nos lo pasamos pipa jugando a "esa" guerra.
    Siempre ha habido sensibilidades y "sensibilidades". ¿Para cuando una representación de la expulsión de los moriscos o los judíos o, todavía más chusco, una del atentado islamista en Madrid?
    Seguro que en Puerto Urraco no han pensado que podían tener un filón turístico entre las manos.

    Juan Carlos.

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