25.10.12

Lo de Marías



He estado un rato esta tarde viendo las prolijas y repetitivas explicaciones que ha ofrecido Javier Marías a los medios de comunicación a propósito de haber declinado el ofrecimiento de aceptar el Premio Nacional de Narrativa 2012 por su novela Los enamoramientos. Y qué decepción. Qué momento más bueno era ese, a punto de ser difundido por todos los medios, de decir algo de lo que domingo a domingo sí dice en su columna de El País Semanal. Y sin embargo se ha recluido en esa humilde arrogancia de quien puede permitirse renunciar a veinte mil machacantes por no manchar su trayectoria con la villanía de un aguinaldo, o por no desdecirse de otras tantas boutades dichas hace veinte años. Todo apuntaba a un ahora meteros el premio donde os quepa, o bien a mí ahora me tocáis vosotros lo que me sobra de santo, majos, con la de galardones internacionales y traducciones a lenguas extrañas que han merecido mis obras.
               Puede parecer que Marías me cae mal y no es así. Conozco bien toda su obra, la he leído y recomendado e incluso encomendado, y aquí mismo me he deshecho en elogios hacia piezas suyas. No hacia esta, ciertamente, que me pareció fallida y me lo sigue pareciendo, por más que la colmen de galardones. Quizá, precisamente porque me cae bien, esperaba más, por ejemplo que no se circunscribiese al ámbito literario, a los premiados con justicia y a los olvidados sin ella, a los muchos reconocimientos que su obra recibe en el extranjero, etc. Tan solo, mientras estuve escuchando, aprovechó para denunciar la “vergonzosa” situación de las bibliotecas públicas, para acto seguido cometer un error de bulto: dijo que en España solo hay 52 bibliotecas públicas y que, por lo tanto, el hecho de que este año no haya presupuesto para comprar libros incide poco en los autores. No, no hay solo 52 bibliotecas públicas que compran libros, aunque no sé cuántos ceros habría que añadir a esa cifra para saber el dinero del presupuesto que se gasta en comprar libros de autores españoles, sean buenos, regulares o malos. Marías vende tanto que ignora cuántos colegas suyos viven precisamente de lo que venden solo porque es novedad, no para que se lea, más bien para que se almacene.
               De modo que, después de oírle contestar una y otra vez las mismas alusiones a su estirpe literaria y a la lista de grandes autores que no recibieron este galardón, me he desenchufado. También en eso metía la gamba. No tiene nada que ver que un autor sea o no importante con que haya o no ganado un Premio Nacional. En literatura es muy frecuente lo que en cine, por ejemplo, le ha pasado a Almodóvar: que, siendo la obra propia en su conjunto muy importante, siempre hubo una película en particular mejor que la suya. Otra cosa es que el jurado de ese premio no haya sabido ver, tradicionalmente, cuál era la mejor obra de ese año.
               Pero, en general, este premio se ha dedicado a dos cosas: o a premiar trayectorias por una novela que no es la mejor del autor, o a impulsar trayectorias por una novela primeriza de la que se espera mucho. Y pocas veces se da en el clavo. Los casos de Luis Landero y de Luis Mateo Díez son quizá de los últimos en que todo se juntó y el jurado no tuvo más que ratificarlo. Tanto Juegos de la edad tardía como La fuente de la edad eran grandes novelas de autores desconocidos o muy poco conocidos, respectivamente, cuya carrera se desarrolló de la mejor de las formas posibles. Pero eso fue hace más de veinte años. La lista de los últimos diez ganadores solo incluye una novela de la que, para bien o para mal, tendrá que hablar la historia de la literatura: Anatomía de un instante, de Javier Cercas.
               En todo caso, Landero ya había conseguido el premio Ícaro, una buena distribución y un creciente, imparable entonces, diría yo, número de lectores y de críticos entusiastas. Es decir que, aun en el caso de que hayan acertado con alguna excelente primera novela (o primera novela conocida), su misión se ha limitado siempre a ratificar, a llover sobre mojado, con tanta mayor inutilidad cuando más asentada estuviera ya la obra del premiado. Eso si no se ha utilizado para dar barniz etnoliterario a cuestiones políticas. En los últimos 35 años, aparte de las de Landero y Mateo Díez, solo se puede decir que Obabakoak, de Atxaga, fuera, digamos, la ratificación de un hallazgo. Mateo Díez se impuso a El testimonio de Yarfoz y a La ciudad de los prodigios  en 1987, algo que casi es más valioso que los propios premios, porque las dos son obras cumbre. Landero arrasó en los premios del 90 con toda justicia (para novelas publicadas en el 89), pero al año siguiente, el 90, el año de El metro de platino iridiado (que fue Premio de la Crítica, pero no Nacional), Todas las almas se quedó sin nada. Y Bernardo Atxaga dejó también sin nada a La lluvia amarilla, que no es un gran libro pero sí es un libro importante.
               Luego vienen los apaños. Para sacar la pata con Álvaro Pombo, le dieron por Donde las mujeres el premio en el 97, año de Una comedia ligera, de Mendoza, que no se llevó ni el de la Crítica. En cambio, lo que Marías, diga lo que diga (lo ha dejado caer con una media sonrisa), no termina de comprender es que no consiguiera ningún premio de este tipo ni por Negra espalda del tiempo ni por Tu rostro mañana. En el primer caso, no le habría importado, supongo, perder frente a su querido Benet, de quien se publicó la edición completa de Herrumbrosas lanzas; pero ese año, mira por dónde, el jurado acertó y concedió el premio a Delibes por El hereje, una excelente novela que va a perdurar más, pese a los luctuosos planes de estudio, que ninguna otra suya. Eso sí, lo que debió de sentarle a Marías como un tiro es que el año 2008, con Tu rostro mañana recién terminada, el ganador fuera Millás, con una cosilla de encargo donde contaba su vida, y el de la Crítica se lo llevara Chirbes con Crematorio. Ahora decir que no le hacen duelo los veinte mil pavos es muy fácil, pero yo me inclino a imaginar que lo que no quiere es que remedien con una novela menor lo que estropearon con la obra que él considera, y con razón, su obra maestra. 

6 comentarios:

  1. Totalmente de acuerdo con tu escrito, Antonio. Ayer, cuando leí las declaraciones de Javier Marías, las encontré machaconas y monotemáticas. En dos minutos podía haber despachado el tema sin dejar nada del contenido que expresó en el tintero...

    Esto, como bien dices, no afecta a las muchas y buenas obras que ha publicado. El año pasado, sin embargo, comencé a leer "Los enamoramientos" y ahí se ha quedado...

    Gracias por refrescarnos la memoria con la exhaustiva relación de premios que has citado.

    Un abrazo

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  2. A mí también me pareció una sobreactuación de Javier Marías, excesiva y también me fijé en el llamativo dato de las bibliotecas.
    Me has refrescado obras que ya no situaba en el año oportuno y me has recordado una obra que me desilusionó bastante en aquel tiempo: la de Luis Landero. No he vuelto sobre ella, pero recuerdo haber esperado más de ella.
    Gracias también por recordar que "Una comedia ligera" de Mendoza es una gran obra que se quedó emboscada en un cruce de caminos.

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  3. Me gusta lo que cuentas, Antonio. Te pido una aclaración: cuando afirmas que "no hay solo 52 bibliotecas públicas que compran libros, aunque no sé por cuántos ceros habría que multiplicar esa cifra para saber el dinero del presupuesto que se gasta en comprar libros de autores españoles", ¿qué pretendes decir? Yo no sé muchas matemáticas, pero cualquier número, sea el que sea, multiplicado por cero es cero. Y por muchos ceros que lo multipliques, siempre el resultado será cero; con lo que da igual que sean 52 bibliotecas que 52 millones.

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  4. Anónimo2:07 p. m.

    perdón, con respeto,,,,,,,,,,,,Anatomía de un instante es un peñazo.!!

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  5. Anónimo9:42 p. m.

    Soy usuario de la Biblioteca Pública de Teruel. Desde hace aproximadamente 2 años no compran ni una sola novedad editorial. Entonces, ¿qué sentido tiene abrir la biblioteca ,¿para que sirve la biblioteca?. Para dar de comer a la numerosa nómina de trabajadores a los que pagamos todos. ¿Por qué en vez de recortar en la compra de libros no recortan empleados que ahora, por lógica, apenas trabajarán ya que no tienen que registrar, ordenar,ni prestar nuevos ejemplares?

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