5.11.08

Moral

La demagogia no es una ciencia exacta. Nos pasa con ella como con el cerebro, que seguimos sin saber cómo funciona. En los años 70, en Boston, en la universidad científica por excelencia, el MIT, unos cuantos superdotados creaban zarzas ardientes a base de silicio enriquecido. Krugman sembraba méritos para el Nobel que finalmente ha conseguido; Chomsky se empeñaba en buscarle fundamentos rígidos a la estructura del lenguaje (sólo le hicieron caso en Zaragoza, incluso después de que él dejara de hacerse caso a sí mismo); pero también pululaba por allí una cuadrilla de neosofistas sin entrañas, jaleados por psicópatas tipo Rumsfeld y convencidos de que la gente se chupa el dedo, es decir, que se la puede convencer de lo que sea.
Tampoco es cuestión de repetir aquí el decálogo de Goebbels que pareció a estos vándalos la quintaesencia de la sociología, pero sí de decir que aquellos científicos consideraron la moral una cuestión tan empírica como el funcionamiento de los ordenadores, y que debía basarse en la parte más feroz del ser humano. Por un lado intoxicaban las escuelas con la memez del creacionismo, pero ellos practicaban un darwinismo salvaje que sólo cree en la ley del más fuerte. Inventaban demonios y se saltaban leyes al amparo del incorregible olvido de las masas, a las que convencían de que la riqueza consiste en que los ricos lo sean todavía más o de que los impuestos, como dijo McCain hace tres días, consisten en “quitar dinero a unos para dárselo a otros”.
Esta moral de roedor hizo las delicias de los jerarcas liberales y de los ejecutivos religiosos, por lo menos de los españoles. Podemos asustarlos, parecían decir, conducirlos como a ovejas con promesas falsas, excitarlos con egoísmos primitivos, convencerlos de que la vida es una jungla y Adán llevaba un cuchillo bajo la hoja de parra. Pero les faltó un detalle: la emoción, lo incontrolable, el hecho fascinante de que la moral no es una ciencia empírica sino metafísica, que no se ocupa de lo que el ser humano es sino de lo que debería ser. Toda esa gente sin escrúpulos que identificamos con la cara de Bush o de Aznar se equivocó en algo fundamental, en eso que otro negro, Peter Tosh, cantaba cuando Obama era todavía un arrapiezo: “podéis engañar a cierta gente de vez en cuando, pero no siempre a todo el mundo”. En eso seguimos confiando.

Diario de Teruel, 6 de noviembre de 2008

8 comentarios:

  1. Estupendo artículo, Antonio. Por cierto a Noam Chomsky también le hicieron caso en la Facultad de Filología Hispánica de Barcelona...

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  2. Cuántas tonterías han dicho los lingüistas por no conformarse con la gramática. Salud.

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  3. Hoy Obama es el bueno pero en cincuenta años he aprendido a desconfiar de los que tiran de los hilos.
    Llevado de la nariz por mis tendencias fantasiosas no puedo dejar de pensar qué barbaridad querrán cometer para querer hacer que lo haga un negro.
    Tiemblo.
    Incluso el santificado Kennedy fué el causante del "incidente" de Bahía Cochinos. ¿Qué nos deparará el bueno de Obama?... Hay muchos Iraks en el horizonte...

    Un abrazo... Juan Carlos.

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  4. Anónimo2:21 p. m.

    Todo lo que sabemos es que Obama es negro por fuera, ahora tendrá que demostrar que también es negro por dentro. Particularmente, lo del color no me dice nada: Rice también es negra, y ha sido la mano derecha de Bush. No tengo esperanzas. Coca o Pepsi, éso es lo que hay. No creo que descubran el calimocho.


    Sirwood.

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  5. Vaya, cómo se nota que los más curiosos son también los más escépticos. A mí no es que me produzca especial emoción que acceda al cargo un negro educado en Harvard de familia blanca y acento blanco. A mí lo único que me alegra es que el salvajismo político no se instituya como norma. Soy pragmático y sé que son habas contadas: o el uno, o el otro. También Clinton bombardeó el Sudán; también Zapatero transige con la infumable oligarquía del máster de pago que va a salir de Bolonia. Yo soy de los que votan al enemigo de quienes detestan, porque, sencillamente, no tengo más opción.
    De modo que tenéis razón -Juan Carlos, Sirwood-, pero me concederéis que negar cualquier diferencia es un poco maximalista y otro poco aporético, por decirlo en términos pedantes. Es decir: ¿y si no, qué?
    Gracias a todos -Mabalot. Luis- por vuestros comentarios: tiene gracia que os guste la más previsible de todas mis bernardinas. Salud.

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  6. Anónimo10:37 p. m.

    Verá, Antonio, lo que yo he advertido en estas elecciones estadounidenses es que, por necesidad agobiante de las masas, han venido revestidas de un carácter mesiánico. Y eso no me gusta nada. No creo en salvadores.

    Sirwood.

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  7. Anónimo5:06 p. m.

    Perfecto como siempre, Antonio.

    A.E.

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