3.3.11

The portable Faulkner



Acabo de recibir de una librería de Washington, antes de lo que yo creía (Abebooks es mi perdición), un ejemplar de la primera edición del libro que la Viking Portable Library dedicó a William Faulkner en 1946. Es un tomo en octavo de 12 x 18, como la edición de la Obra Completa de Ramón Gaya que publicó Pretextos, o como mis adorados volúmenes de la Loeb Classical Library, sobre todo los antiguos, que, igual que este tomo de Faulkner, llevaban un fino (no transparente) papel, levemente satinado, con la tinta brillante todavía, como si lo acabasen de imprimir, antes de que los off-set y demás zarandajas hiciesen tan difícil leer un libro bien impreso. El color crema del papel, tostado por el tiempo, y el tono sepia de las letras, como de negro envejecido, combina perfectamente con el beige un poco amostazado de las cubiertas de tela. El tacto del papel, pese al satén, tiene la grama suficiente para que no resbale ni haya tenido nunca nadie la nefanda inclinación de darse un lametazo en el dedo antes de pasar las páginas.

Pero el tiempo no ha hecho que los ácaros se apoderasen de su olor. Las páginas llevan al olor característico las librerías de viejo anglosajonas, o sea húmedas, al de la lucha de fragancias entre el papel de calidad y la madera pobre. Aunque también huelen a juguete antiguo, pero no a juguete antiguo después del tiempo, sino como recuerdo que olía la caja de cartón del Exín Castillos que me compraron cuando era pequeño. Cuando vaciaba las piezas este aroma se desparramaba sobre la alfombra y yo me sentaba a jugar.

Es aquí, en fin, en sendos enveses de las cubiertas, donde viene doblemente reproducido el más célebre mapa de Yoknapatawpha, que es a lo que yo iba.


4 comentarios:

  1. Anónimo10:47 p. m.

    Un libro viejo bien impreso es como un buen libro viejo para los que aman los libros viejos bien impresos. Un objeto que trasciende su propia materialidad y que se deja descubrir, acariciar y amar... una y otra vez... ... creo que lo voy a dejar que me estoy poniendo cachondo.

    Juan Carlos

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  2. "El color crema del papel, tostado por el tiempo, y el tono sepia de las letras, como de negro envejecido, combina perfectamente con el beige un poco amostazado de las cubiertas de tela."

    Antonio, es un placer, un inmenso placer leerte. Tienes un lenguaje muy vivo. Gracias, siempre gracias.
    Juan Ballester

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  3. Es casi un relato erótico, Antonio. ¡Qué gozada!

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  4. Vaya, una lástima que ya no se convoque el premio 'La sonrisa vertical'. O sí, no sé. Gracias a todos.

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