6.11.11

Carne de membrillo



Estos días hemos recogido los membrillos. Son siete membrilleros que plantó mi padre en 1978, tienen ya la edad de Jesucristo. En los últimos años las sierpes alrededor del tronco casi los convierten en arbustos, y poco a poco, marzo a marzo, hemos ido limpiándolos, aunque la fruta, los membrillos gordos y amarillos, no acababa de salir. Pero el pasado otoño a un vecino que estaba quemando rastrojos se le descontroló el fuego y chamuscó las ramas de los membrilleros que invadían su terreno. Teniendo en cuenta que están plantados en la linde, casi la mitad de cada árbol pasó a mejor vida.
               El vecino se llevó un disgusto tremendo. Nos pidió que pusiéramos precio a los árboles que se nos hubiesen socarrado, o que le dejásemos plantarnos otros de la misma especie en su lugar. En estos casos a uno le sirve con la actitud. Mi padre y él siempre han sido buenos vecinos y le dijo que no se preocupase, que tampoco había sido tanto el daño: un par de parras, un ailanto cuyo desarrollo casi visible ya nos estaba preocupando, un seto de aligustres apoyados en la valla del linde, un par de arizónicas en la otra valla y los siete membrilleros veteranos, que junto con cuatro cerezos (uno se acaba de morir, tengo que dedicarle una bernardina) y tres o cuatro manzanos reinetos son los árboles más viejos del lugar.
               El caso es que el incendio les sirvió de poda y este año las ramas que penden hacia adentro, a las que no llegó el fuego, estaban cuajadas de frutos, gordos, duros y amarillos, y aún otros más pequeños de un verde muy tenue, un verde que está dejando de ser verde. El amarillo es denso y claro. Es un amarillo de secano, como las mismas pomas, de piel irregular surcada por pliegues que se aprietan y recogen en frunces carnosos en el culo (en el ápice umbilical), algo más protuberantes en el lado del pezón.
               En cuanto se ha hecho de noche nos hemos puesto a pelar unos cuantos y a cocerlos, a limpiarlos de los puntos negros, del interïor breve gusano, como diría Góngora, en el caso de que los hubiera, porque estaban de lo más lozanos, lustrosos nada más pasarles un dedo por el vello que los cubre, y los que se habían podrido ya estaban marrones, encogidos, con estrías horizontales, aun colgados del árbol.
               Con estos primeros membrillos solemos hacer compota. Para la carne de membrillo se necesita más azúcar y eso no pega mucho con el fruto recién cogido, que es un fruto austero, de carne dura, con un aroma limpio de despensa o de lagar. El membrillo es pariente de la rosa, su aroma es el aroma del otoño, pero en él no hay nada luxurioso. Es más, es un olor que se percibe con más intensidad en los lugares fríos, en los cuartos donde hay que estar vestido. Tiene algo de convento frío, de ascetismo austero, de fragancia no pecaminosa, de sosiego espiritual. No es fruta que chorrea por los labios al morderla, y sin embargo es, por así decirlo, la más real. Sólo al dulce de membrillo se le llama carne. Por algo será.

11 comentarios:

  1. ¡Excelente!
    Me encanta la carne de membrillo. Al terminar la comida me parece el complemento ideal, además me aparta del abuso ponzoñoso, adictivo, caro y exquisito del chocolate Lindt.
    Compro a granel la marca Santa Teresa que no está mal. Mi frustración es que a pesar de haber probado bastantes carnes de membrillo caseras ninguna me ha convencido.
    El membrillo casero que he catado suele tener un color más claro (da igual), menos consistencia (que no cunda el pánico), menos dulzor del bueno, menos sabor a fruta bravía y un final bastante insulso.
    ¡Siempre he dicho que en Cuenca no saben preparar la carne de membrillo!
    ¡Estoy deseando que alguien me diga que existe en algún rincón del ancho mundo una carne de membrillo casera que sea digna de su nombre deleitoso!

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  2. conde-duque9:35 p. m.

    Muy bueno. Me han entrado ganas de abrir la nevera y sacar un trozo membrillo que nos regalaron el otro día, también casero, de un pueblo de Segovia. A su lado tenemos el Don Quijote de toda la vida; de toda mi vida, al menos, que es como la del membrillero que plantó tu padre, y así cerramos el círculo, aunque inevitablemente al decir membrillo siempre me acuerdo de Víctor Erice y Antonio López.
    Un saludo.

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  3. Tu entrada, aparte de darme mucha envidia, me ha traído un recuerdo de la infancia. Viví en la calle de San Martín de Teruel, en el rincón de los balcones de forja. Los propietarios eran dos curas, hermanos. Solo conocí al más joven de ellos, ya anciano entonces, mosén Alejandro. Cuando me tocaba bajar a pagar el alquiler a su casa, o a recoger huevos que mi madre le compraba, me intrigaba aquel olor a membrillo, el frío, el mobiliario sobrio, la amplitud del vestíbulo.
    En esa calle, tampoco tenía desperdicio el baulero, la fábrica de baldosas o el olor de la uva del Francés.
    Un saludo otoñal.

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  4. El texto, precioso, y la foto buenisima.

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  5. La foto es de Inma. Qué bien que te haya gustado, Juan.
    Rodolfo, tienes a media Cuenca en armas. Cómo se te ocurre. Una lectora de Cuenca me ha llamado para decirme que no sólo no sabes cómo es la carne de membrillo de Cuenca sino que la carne de Santa Teresa, comparada, es una castaña. Cuidado.
    Ernesto, mi círculo es un poco al revés. He comido y olido membrillo toda la vida, pero tengo que reconocer que la película de Erice me ayudó a objetivarlo estéticamente, por así decir, y a gozar más luego si cabe de lo que había gozado siempre. Con este tipo de delicatessen uno siempre redescubre.
    Y bueno, Rafael, el olor de ese zaguán, o alguno parecido, lo tengo fresco en la memoria. Iba a la escuela muy cerca de allí. Siempre que te refieres a esas calles, a ese mundo 60-70 en alguna de tus entradas lo leo con especial fruición. Recuerdo una a propósito del río Alfambra, de las excursiones piscatorias, cuando había árboles gordos por la carretera.
    En fin, oye, cuántos membrillos ha traído este membrillo.

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  6. Anónimo7:57 p. m.

    Los membrillos deliciosos. Casi nadie se atreve a comerlos crudos, y la verdead es que tiene que estar maduro de verdad para que su sabor sea algo que escapa de este mundo.
    Lo dicho, los membrillos buenos, el texto estupendo pero la foto... ¡LA FOTO ES COJONUDA!
    Creíamos que era un óleo, por las pinceladas en los membrillos y la cerámica y veo que no, que las pinceladas son las del sol en un lugar bien elegido para la toma. Enhorabuena

    JCarlos

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  7. Anónimo8:18 p. m.

    El tiempo del membrillo me gusta. Hay un árbol frente a mi casa, ahí solo, en la calle, sin jardín, al “reser” de un pequeño muro que lo protege del viento. Alguna vez he visto a gente saltar estirando el brazo para coger alguno, los primeros lo habrán conseguido, para los demás quedaban demasiado altos.
    También empiezo a verlos en los coches, como ambientador natural, igual que mi abuela los ponía en los armarios antes de que se pasaran. Además del tradicional carne de membrillo que envasaba en tetrabriks (cortando una cara) y repartía a los hijos. A mi hermana le encanta, a mi me gusta pero no quiero abusar porque tiene mucho azúcar.
    El otro día mi madre, hija de esta abuela que ahora pasa dos meses en casa, intentó hacer el dulce de membrillo…. Se le fue la mano con “algo” y tenía gran cantidad de una especie de mermelada poco densa. Yo era reacia a llevarme a casa pero en vista de que no sabía dónde podía acabar tanto dulce, me llevé una tarrina, (yo he heredado eso de aprovechar).
    Pues eso, que al final resulta que está muy rico y acompaña muy bien al queso untado en las tostadas del desayuno.
    Y por fin, al segundo intento, a mi madre le ha salido el dulce con cuerpo. Así que ahora le toca a la tercera Carmen, que soy yo, aprender a hacer dulce de membrillo. Supongo que pasando por los distintos grados de densidad.

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  8. Ya fueron trasladados los elogios a la autora del bodegón. A Carmen Tercera le diría que, después de hacer una vez compota y otra carne, nos hemos vuelto a decidir por la compota en la tercera tongada de membrillos. Quiero decir que esa "mermelada poco densa" me trae con más fuerza el sabor del membrillo que la compacta gelatina. Por lo demás, todo es una cuestión de azúcar (y de mano). Supongo que, por lo de 'reser', los dos hemos cogido los membrillos en Teruel.

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  9. Anónimo6:34 p. m.

    Ya se ha pasado el tiempo del membrillo pero quería adjuntar una receta de un postre con frutas de otoño que he hecho experimentando con el dulce de membrillo, “tartaletas de manzana”

    1 paquete de tartaletas (como las de los suspiros de amante)
    Queso blanco de untar
    4 o 5 manzanas, mejor con reinetas o al menos una, si os gusta la acidez
    Compota de membrillo
    Nueces

    Se asan las manzanas. Yo las pelo, las corto en gajos muy finos y las meto al microondas. Supongo que al horno salen mejor. Se pican y se dejan enfriar.
    En la base de la tartaleta se unta un poco de queso blanco, se pone un poco de compota de membrillo (una cucharada de café, según el gusto) se rellena con la manzana asada y se remata con la nuez.

    Bueno, espero que os guste.

    La tercera Carmen, de Rillo (por lo del reser), aunque los membrillos y las reinetas no son de allí.

    Un saludo y felices fiestas

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  10. Gracias, Carmen. Eso hay que probarlo, aunque sea con el membrillo Santa Teresa. Por cierto, que mi amiga de Cuenca me trajo genuina carne de membrillo de Cuenca para darle con ella en los morros a Rodolfo, pero a las pocas horas ya nos la habíamos comido. Fue irresistible, inevitable, ella misma se comió en nosotros. Y el año que viene volveremos a hacerlo con membrillo de casa y unas reinetas del Bierzo riquísimas que tengo controladas en Madrid.
    Gracias, Carmen. Ya me imaginaba, ya, y no solo por el reser.

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  11. Os pongáis como os pongáis la mejor "carnemembrillo" se come en Puente Genil, jajaja...
    Os adjunto una enlace donde se recogen mil cosas relacionadas con el membrillo (recetas, poesía, pintura, latas de dulce de membrillo, etc.), por si es de vuestro interés. Saludos.
    http://www.facebook.com/#!/pages/A-la-sombra-del-membrillo/141984452520498?fref=ts

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