16.2.12

Entrenamiento de los novillos


Geórgicas, III, 157-178



Si ya están paridas, todos los desvelos
van a los ternericos: hierros marcan a fuego,
señalan las camadas, y se apartan aquellos
que son para la cría o se llevan al altar,
o son para labrar la tierra y revolver
los terrones deshechos que erizan el campo.
Que pasten los demás en verdes herbazales:
Y tú, a los que críes para el laboreo,
no dejes de enseñarlos ya desde becerros,
de seguirlos domando mientras son manejables,
en tanto que la edad es mudadiza. Átales
al cuello un ronzal flojo de mimbre muy delgada;
después, cuando los cuellos hasta entonces libres
ya estén acostumbrados a la esclavitud,
úncelos por parejas, atadas en collera,
y obliga a los novillos a mantener el paso;
y que lleven los carros vacíos a menudo
y solo a flor de tierra dejen huella, y luego
cruja resplandeciente, bajo el mucho peso,
un buen eje de haya, y un timón de bronce
tire del rodamiento. A esta juventud
indómita entretanto cortarás tú a mano
no solamente yerba y ramas de sauce ralas
y ovas de los pantanos, sino cebada verde;
y no han de llenar las vacas recién paridas
las cántaras de nieve, como era la costumbre
de nuestros padres; antes consumirán
           la ubre toda entera en sus dulces criaturas.

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