2.6.07

MAYO, MIÉRCOLES, RETIRO

Ya sé dónde está Pío Baroja. El otro día subí por la calle Doctor Velasco y no me di cuenta de que presidía la Cuesta de Moyano, como luego me indicó Conde−duque. El cambio de unos pocos metros no está ni bien ni mal, pero no deja de tener su cosa. Antes, en el Retiro, Baroja estaba no sólo en muchas de las páginas de sus novelas, sino en su devoción por el mes de noviembre, en aquellos escenarios en los que su imaginación coincidía con decorados reales.
Ponerlo en la Cuesta de Moyano significa no dejarlo lejos del Retiro pero celebrar al Baroja libresco, acaso el que paseaba por las orillas del Sena buscando estampas de veleros, pero sobre todo el Baroja de los papeles abandonados. Es decir, el Baroja de la curiosidad, el de la melancolía de lo no vivido. El Baroja del Retiro es también el de las quermeses juveniles, vividas en sus carnes, pero el Baroja de la Cuesta de Moyano es un viejo escritor con abrigo, el abuelo que pasea por su invierno, que en el caso que nos ocupa estuvo plagado de desengaños.
De modo que habría que dejar esa estatua en Moyano y colocar en el Retiro alguna de sus personajes, a poder ser Aviraneta, aunque ya sé que sería más propio el joven Carlos Hermida, el héroe de Las Noches del Buen Retiro, pero yo me sentiría más a gusto si el monumento se lo ponen a Aviraneta, al héroe y, sobre todo, a la librería. Y si, además, lo pusiesen este verano, a mí me serviría para recordar la tarde del miércoles pasado, una de las mejores tardes de miércoles de toda mi vida.
Ya ironizaba yo el otro día con lo de firmar libros en la Feria, los parientes perdidos y así, pero no contaba con algo con lo que en una ciudad como Madrid no se suele contar: la gente, esas reuniones festivas que sólo consisten en hacer a alguien feliz. Durante dos horas pasan delante de ti tus representantes en la tierra, mucha más gente de la que uno jamás había creído merecer. Son una forma más del rito del afecto que se suele reservar para las bodas y los cumpleaños, pero esto es mucho más delicado. Aquí no hay otro parentesco que el aprecio, no hay riesgo de desaire, todo es voluntad. A los cinco minutos de sentarte a firmar te das cuenta de que no has ido allí a vender libros sino a contar amigos. Si empalmasen todas las dedicatorias que escribí tendría ya unos cuantos capítulos del próximo folletín. Me salían largas porque me parecían poco, porque seguía intentando ser más preciso en mi agradecimiento, más elocuente con mi afecto. Una dedicatoria es una buena prueba de los límites del talento, como una partida rápida de ajedrez en la que cada movimiento sabe a poco.
Sí, sí, es muy romántico esto de la insuficiencia de las palabras, pero ganas me dan de detallar los motivos de cada uno de los libros que firmé para hacerme feliz por sí solo. Además, prefiero haber enumerado esos detalles en cada uno de los ellos, y confío en haber sido transparente. Juntos compondrían un relato escrito con temblores de la mano que diría más de mí mismo que todas las noveluchas que pueda escribir jamás. Pero este relato despedazado sólo servirá de auténtico agradecimiento si se queda cada uno con su libro, si permanece secreto.
Al salir del Retiro, entrada ya la noche, rumbo a la estación de Atocha, volvimos a pasar junto a Baroja. A mí esta insólita demostración de aprecio no me ha pillado ni tan intrépido como Carlitos Hermida ni tan desengañado como la estatua. A mí esto me ha pillado cuando había ya perdido la costumbre de pasear por el Jardín Botánico, cuando ya solo regaba los geranios de mi balcón.
Tan sólo faltó Güino, que me mira sorprendido.

5 comentarios:

  1. Siempre es bueno reencontrarse con Baroja, aunque sea con su estatua. Yo llevo toda la vida enfadándome y reconciliándome con él, en un tiraiafloja que siempre acaba bien: paseando los dos por el Retiro, charlando de nuestras cosas.
    Supongo que es un placer sentirse tan querido como el miércoles en la Feria. A mí, que ya prácticamente he renunciado del todo a mi carrera docente (por distintas razones, pero entre ellas también la falta de ilusión), me encantó ver a esos chavales que sienten afecto por su profesor y lo van a ver a la caseta, y me dio cierta envidia (será que todavía tengo el gusanillo de la enseñanza por ahí).
    Fue un placer conocerte y ver que la buena prosa surge además, en este caso, de un alma noble.
    Escribí a Mabalot para hacerle partícipe de tu dedicatoria a la Generación del 2007, de la que nos gustaría que fueras padrino y mentor.
    Un abrazo.

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  2. Muchas gracias por acercarte. La verdad es que debería dedicar una bernardina a cada uno de los amigos que pasasteis por allí, pero especialmente, sí, a los alumnos, un lujo satrápico de alumnos, la condición perfecta de persona que uno quiere para ser feliz en su trabajo.
    Mabalot ya tiene en camino su dedicatoria, y desde luego habrá que emprender los trabajos preparatorios de la redacción del Manifiesto Solana contra los escritores que no describen el mundo.
    Un abrazo.

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  3. Anónimo9:37 p. m.

    El perro es más bonito de lo que imaginábamos.El placer de ir allí es nuestro ya que ahora para nosotras no eres solo un profesor en cuyas clases hacíamos pellas después del recreo sino una persona valiosa que merece la pena conocer.Por cierto tu mujer tiene pocos rasgos japoneses no queremos decepcionarte pero asegurate.Otro por cierto ¿qué es satrápico?jeje.Esperamos repetir esto un día sin necesidad de nada por el simple hecho de vernos.Gracias por este año.Marta y Soraya(las dos de la esquinita)

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  4. Anónimo1:49 p. m.

    Estoy de acuerdo con mis compañeras y siento envidia de todos los que estuvieron allí acompañandote en tu gran día. Has recogido los frutos que has sembrado durante le curso, asi que merecías que todos ellos fueran. Espero no tengas en cuenta mi ausencia y me traigas un libro con una dedicatoria dentro. Nos has cautivado a todos con tu forma de ser y de escribir y has conseguido un grupo de fans de las bernardinas, ya que cada día nos conectamos para ver la buena nueva. Gracias por habernos hechos disfrutar en todas tus clases y enseñarnos los entresijos de la literatura, espero que siempre estemos en tu memoria, a mi desde luego este curso nos se me olvidará en la vida. Sigue con la escritura que con ella nuestro día a día se hace un poco más fácil.Eva.

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  5. Por lo que cuenta Conde-Duque y por lo que se lee aquí casi le dan ganas a uno de volver a la adolescencia, aunque solo sea para que me de usted clase de literatura. Qué envidia de estos chavales.

    Estamos pensando en la redacción del manifiesto Solana, para esa semicoña que nos sacamos de la manga llamada generación 2007, reivindicando una nueva(como siempre el que llega, se cree descubrir la pólvora) forma de ver la vieja literatura y de la que es usted padrino y mentor.

    Si encuentra o sabe de algún texto que sea digno de ser tenido en cuenta para el manifiesto haganoslo saber. Montaremos un blog sólo para colgar textos y cosas referentes a este asunto, abierto a todo el que quiera adherirse.

    Otra vez gracias por el libro. Esta tarde lo recojo en correos.

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