16.11.12

La Escitia salvaje



Geórgicas, III, 349-383

No es así, en cambio, entre los pueblos escitas,
donde el lago Meotis y el turbio río Istro,
que arrastra las arenas amarillas, y donde,
cuando ya ha discurrido hasta mitad del polo,
retrocede el Ródope. Allí a los animales
los cierran en establos, que allí no asoma
la hierba por el campo ni en los árboles hojas;  
al contrario, la tierra se extiende debajo
de montones de nieve y gruesas capas de hielo
que alcanzan hasta siete codos. Siempre es invierno,
siempre los vientos Cauros, que soplan aire frío;
el sol nunca disipa las sombras desvaídas
ni cuando a la más alta región del firmamento
tirado por caballos se aproxima, ni cuando
su carro precipita y se baña en la roja
llanura del Océano. En la corriente del río
costras cuajan de hielo con toda rapidez
ruedas cargan ferradas las aguas a su espalda
antes naves llevaban, anchos carros ahora;
los objetos de bronce se rajan por doquier
sobre la carne quedan tiesas las vestiduras,
el vino que fue líquido lo cortan con el hacha,
se vuelven las lagunas duro hielo, se forman
horribles carámbanos en las hirsutas barbas.
Entretanto en el cielo no deja de nevar:
se mueren los ganados; allí se quedan yertos,
cubiertos por la nieve, los corpulentos bueyes;
los ciervos atrapados por la extraña mole
en prietos escuadrones apenas dejan ver
las puntas de los cuernos. Y ya no los acosan
echándoles los perros ni con trampa ninguna,
o aterrorizados por esos espantajos
de plumas coloradas: llegándose hasta ellos
les clavan el cuchillo, en tanto que los ciervos
en vano apechugan el monte que los para,
y en medio de roncos berridos los degüellan,
y a cuestas se los llevan con gritos de alegría.
Pasan sus ratos de ocio estos hombres en grutas
cavadas bajo tierra, y acercan rodando
pilas de robles y olmos enteros al hogar,
y los echan al fuego. Aquí pasan la noche
entregados al juego, y muy contentos beben
el jugo fermentado del ácido serbal
como si fuera vino. Esta indómita raza
de hombres sometidos al norte hiperbóreo
azótala el Euro de los montes Rifeos
y con rojas zamarras el cuerpo se protege.

                                 *

At non qua Scythiae gentes Maeotiaque unda,
turbidus et torquens flauentis Hister harenas,              
quaque redit medium Rhodope porrecta sub axem.
illic clausa tenent stabulis armenta, neque ullae
aut herbae campo apparent aut arbore frondes;
sed iacet aggeribus niueis informis et alto
terra gelu late septemque adsurgit in ulnas.              
semper hiems, semper spirantes frigora Cauri;
tum Sol pallentis haud umquam discutit umbras,
nec cum inuectus equis altum petit aethera, nec cum
praecipitem Oceani rubro lauit aequore currum.
concrescunt subitae currenti in flumine crustae,              
undaque iam tergo ferratos sustinet orbis,
puppibus illa prius, patulis nunc hospita plaustris;
aeraque dissiliunt uulgo, uestesque rigescunt
indutae, caeduntque securibus umida uina,
et totae solidam in glaciem uertere lacunae,               
stiriaque impexis induruit horrida barbis.
interea toto non setius aere ningit:
intereunt pecudes, stant circumfusa pruinis
corpora magna boum, confertoque agmine cerui
torpent mole noua et summis uix cornibus exstant.              
hos non immissis canibus, non cassibus ullis
puniceaeue agitant pauidos formidine pennae,
sed frustra oppositum trudentis pectore montem
comminus obtruncant ferro grauiterque rudentis
caedunt et magno laeti clamore reportant.              
ipsi in defossis specubus secura sub alta
otia agunt terra, congestaque robora totasque
aduoluere focis ulmos ignique dedere.
hic noctem ludo ducunt, et pocula laeti
fermento atque acidis imitantur uitea sorbis.              
talis Hyperboreo Septem subiecta trioni
gens effrena uirum Riphaeo tunditur Euro
et pecudum fuluis uelatur corpora saetis.



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