22.11.05

Documentación

Estaba leyendo un artículo sobre lo que ha quedado del franquismo en la sociedad española cuando escuché por la radio las declaraciones de un político: “¡España está gobernada por una tropa de indocumentados!”, dijo. No escuchaba esa expresión desde la infancia, quizá desde aquel día en que los niños, en vez de ir a la escuela, estuvimos contemplando en la televisión un cadáver con tapones de algodón en la nariz.
Qué expresión tan añeja. En un país acuartelado, la palabra tropa incluía un matiz despectivo, como de muchachos larguiruchos a los que les viene pequeño el uniforme, reclutas mal vestidos de los que se contaban esas anécdotas siniestras de la mili. Los señores mayores, cuando nos veían a los niños por la calle, decían “¡vaya tropa!”, como si fuésemos indisciplinados pero ingenuos, torpes pero sin mala intención.
La palabra indocumentado también se utilizaba mucho. El indocumentado podía ser el que no portaba documentos, pero entonces, como ahora, cuando alguien no tenía un documento en regla se decía que le faltaban los papeles. El indocumentado era otro. El indocumentado era el don nadie, el que carecía de raigambre, de apellidos, el que no tenía recomendación, el que no mandaba, alguien de extracción humilde, como se decía entonces, o no afín a la gente de orden; alguien que, en el mejor de los casos, sería un pobre diablo, un pelagatos, y en el peor podría ser incluso gente de mal vivir, aunque esto último todo el mundo se esforzaba en no aparentarlo por si acaso. Pero al indocumentado ni siquiera se le concedía el rango de individuo sospechoso, sino de simple cantamañanas que por mucho que se esforzara jamás gozaría de suficiente prestigio.
Los hombres, en los toros, se insultaban con esa palabra: “¡Es usted un indocumentado!”, y con eso no se quería decir exactamente que no supiese de toros, sino que no era quién para opinar. La gente, para insultarse, se llamaba de usted. Un indocumentado podía ir por la calle y tropezarse con un documentado que, si no se le cedía el paso, siempre echaba mano de los mismos improperios: “No sabe usted con quién está hablando”, solía decir.

2 comentarios:

  1. Anónimo8:22 p. m.

    A ver si va.....

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  2. Anónimo8:26 p. m.

    Una definición perfecta y muy bien escritra para definir a los que nos gobiernan

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