1.5.10

Descansa Polifemo, 2

Decía que el libro de Mercedes Yusta sobre el maquis turolense, La guerra de los vencidos, me gustó mucho en su momento porque, dije, tiene la virtud de escuchar. Me refería no sólo a que utiliza la metodología antropológica que triunfó popularmente con el libro de Frazier, y que consiste en dejarse de conjeturas y analizar los testimonios orales de la gente que lo vivió y lo sufrió. Me refería también a que el fenómeno no siempre fue tan romántico.

Ahora he vuelto a leer el libro de Yusta y su tesis fundamental me parece el único camino válido para abordar el asunto: el Maquis fue algo más que un movimiento guerrillero, fue un complejo fenómeno social. Los guerrilleros son una parte del maquis, porque la otra está en las masías y en los pueblos, y en el hecho de que fueran los propios habitantes quienes en poco tiempo iban sustituyendo a los guerrilleros bien formados políticamente que venían de Francia, y que acabaron cayendo casi todos, antes y sobre todo después del método Pizarro. La red de conflictos sociales y motivos para desconfiar es tan tupida que se queda corto el nombre si sólo alude a la guerrilla. Los de los pueblos se consideraban superiores a los de las masías, que vivían en bastantes casos aterrorizadas por los guardias vestidos de guardias y los guardias disfrazados de maquis, y aun por los maquis verdaderos. Vivían apartados del mundo pero cada vez que abrían la puerta de la masía debían tomar una decisión en la que podía irles la vida. Podían ser fieles al amo (así he oído yo llamar al jefe hasta en los años 70) o colaborar con la guerrilla, porque mantenerse al margen resultaba casi imposible. A veces incluso tenían que hacerse pasar por estraperlistas para que, si los cogían, los metieran a la cárcel pero no los matasen a palos en el cuartelillo.

Pero los efectos más salvajes del guerracivilismo, el odio por otros motivos (lindes, novias, malas palabras), también se reproducían a finales de los años 40. Los hubo que fueron denunciados falsamente por colaboracionismo, y otros que ajustaron las cuentas con el amo al amparo del ideal republicano.

El mundo de las masías, principal sustento de la guerrilla, también es muy particular. La propia Mercedes Yusta incluye en su libro la referencia a un artículo de Rosa Paz Palomar Ros, ‘Los bureos en Mora de Rubielos’ (Kalathos, 13-14, pp. 201-247), cuya lectura me parece fundamental para entender el ritmo social de aquellos campesinos de segunda categoría. Con frecuencia se les condenaba a no abandonar su condición, y sus costumbres se desarrollaban al margen de la civilización pero también al margen de sus restricciones.

Por lo menos se libraban de la asfixia de los pueblos, donde había vencedores y vencidos, represaliados y amnistiados, marcados y condenados. Lo hecho diez o quince años atrás seguía recociendo las mentalidades. Los motivos para echarse al monte no tenían por qué ser solo la confianza en la victoria. El monte muchas veces fue un refugio, un modo de huir. No todos eran guerrilleros autóctonos; algunos iban por libre como bandoleros, que es como el régimen llamó a los unos y a los otros. Cuando el número de autóctonos empezó a superar al de mandos llegados de fuera, la guerrilla fue difícil de gobernar.

Siempre lo había sido, aun antes de ser minoría los guerrilleros vocacionales. Era una guerrilla comunista que se nutría también de anarquistas, y ya se sabe lo bien que se llevaban[1]. De la parte comunista, el maquis era un ejército riguroso, y el mando era suyo, por supuesto. De la parte anarquista, el recuerdo del POUM y de las colectividades anarcosindicalistas debía seguir crepitando en las hogueras con que se calentaban en las cuevas. Las bases de instrucción como la de Pepito el Gafas en Aguaviva fueron desmanteladas. Los propios mandos se quejaban de que con la proliferación, por otra parte imprescindible, de los guerrilleros autóctonos se estuviera desvirtuando el sentido de la lucha. Quizá temían que se reprodujera la descomposición de diez años atrás.


[1] Me voy a permitir citarme a mí mismo, por lo extravagante del caso: cf. Antonio Castellote, ‘Die ladkollektivierungen in Aragón’, Land und Freedom (Ken Loachs Geschichte aus der Spanischen Revolution), Berlin, 1996, pp. 150–155.

7 comentarios:

  1. Poco, por no decir nada, de romántico y mucho de complejidad, como bien dices. Tanto es así que tengo la sensación de que aún ha de pasar más tiempo pera estudiar el fenómeno de los maquis el suficiente rigor que exige tal cometido.

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  2. No tengo muy claro, si no digo alguna barbaridad, pero creo que los masoveros, fueron, son en los últimos que quedan, los últimos retazos de una cultura campesina. Campesinos que entendían la vida de otra manera, que se relacionaban con le medio, que conocian perfectamente su territorio y como obtener de él unos recursos, con un impacto menos expoliador, que llegaría con la agricultura y ganadería intensiva.
    Campesinos a los que no dejamos cabida en nuestra sociedad. Que colonizamos como a muchos otros.

    sngel

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  3. Anónimo10:04 p. m.

    Si te adentras en este tema, igual te interesa leer el libro de José Ramón Sanchis Alfonso, Maquis: una historia falseada. Trata sobre todo de los sucesos de Gúdar y secuelas. Son dos tomos con una gran recopilación de datos e información.

    Dámaso

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  4. Lo bueno, Luis Antonio, es que con lo que hay estudiado yo creo que sí hay suficiente material para entenderlo. Lo que no hay es disposición para entenderlo. Esa indisposición es a lo que tú y yo me temo que llamamos romanticismo.
    El mismo que cabría aplicar a los masoveros, Ángel. Una cosa era la relación de los masoveros con la naturaleza y otra con el amo de la masía, con el mundo en general y con el pueblo en particular. En todo caso, no me gustaría caer en el bucolismo.
    El libro de Sanchis lo citaba en una entrada anterior. Sí, es muy exhaustivo, en particular para la fecha que a mí me interesa, julio del 47.
    Gracias a todos por pasaros.

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  5. Otros dos libros interesantes, que tal vez conoces: Secundino Serrano,Maquis. Historia de la guerrilla antifranquista (Barcelona, Temas de Hoy, 2001), un enfoque general con muchísima información y estupenda redacción; y el de Josep Sánchez Cervelló, Maquis: el puño que golpeó al franquismo:la Agrupación Guerrillera de Levante y Aragón (AGLA)(Barcelona, Flor de Viento, 2003), éste con datos concretos de la guerrilla turolense.
    Pinta bien tu proyecto. Trataré de seguirte. Lola

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  6. Cuando me referia a los masoveros, no me estaba refiriendo a la problematica social de los medieros -aquellos no propietarios-.
    Hubo y hay Masias propiedad de quienes las explotan. En un momento la extensión de la Masada fue capaz de mantener la estructura social que la habitaba.

    En algún momento, o en algunos casos, los dueños desde fueran rentabilizaban su propiedad, y desconozco en concreto el motivo:pago de impuestos, mayores rentas, etc.... Fragmentaron la propiedad en los Masicos. Bajo esa estructura se acelero el declive de esta forma de usar el territorio y se intensifico su esplotación, se rompió el equilibrio entre agricultura y ganadera, quizás incluso se incorporo el capitalismo, en una economia que fue de subsistencia.
    Aunque el tema del que ha surgido el debate, el maquis y las Masadas, se produce en un momento ya de crisis de ese sistema.
    Aunque sigo pensando, quizas romanticamente, que aquellos masoveros aún conservaban su raiz campesina, conociendo su territorio en cada palmo y cada uno de los recursos que podían obtener de él, por ello sobrevivian sin tanta dependencia del exterior.

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  7. Gracias, Lola. Conocía el libro de Serrano, pero el otro sólo lo había visto en el repertorio bibliográfico de Sanchis, que llega hasta 2005. Su condición de libro colectivo apunta a que los testimonios serán variados. Me interesa sobre todo el lado, digamos, antropológico del asunto.

    Ángel: comparto tu punto de vista pero intento retorcerlo un poco. Me gustaría pensar un poco por escrito sobre este asunto de las masías y ponerlo en el blog. Y te aseguro que no busco juicios sino descripciones.
    Seguimos discutiendo.

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