6.3.24

Emparrado

Cuaderno de invierno, 77



Parece ser que el frío no ha dicho su última palabra y todavía quedan colas de borrasca que aventarán las flores del ciruelo, esos días malos después de que se calme el cielo, que por aquí se llaman araboques y más hacia Levante arabogues, y que sobre todo sirven para estropear los frutos. En todo caso, hoy era uno de esos días en los que se festeja la llegada de la primavera, o más bien la despedida del invierno: el día de podar el emparrado del cenador. Los vecinos hace meses que limpiaron sus parrales, pero alguna vez escuché que había que esperar a San José, aunque la fecha es como la hora de saltar la verja de los almonteños, que a veces se adelanta y uno no sabe por qué. Hoy el día era tibio y claro, y a pesar de que la noche ha sido frígida, la tierra ya ha debido de coger temperatura porque al primer sarmiento que he cortado ha salido un goterón de agua, la savia transparente que avisa de que la parra está despierta, lista para brotar.
Este cenador tiene cuatro parras, una en cada puntal,  y cada año recortamos todos los sarmientos menos, si acaso, alguna guía larga que atraviese un hueco. Alguna vez pensé en injertar las guías de manera que todas mezclasen la savia, pero hay dos variedades distintas y el resultado podría ser muy estético pero también que la uva se echase a perder. El ritual incluye no solo la poda de la pelambrera sino cortar cada sarmiento en varillas de palmo y medio que al año siguiente usamos para encender, meterlas en un saco de arpillera y dejar el suelo limpio como el suelo de una barbería poco antes del cierre. Cuando, desde arriba, vuelvo a ver solo las guías leñosas y los sarmientos cortados con las dos primeras yemas, y el brillo del círculo verde por donde mana el agua dulce, la sensación es que, por mucha ventisca y más de una noche de hielo que todavía nos esperen, el invierno ya forma parte del pasado. Quedan vástagos de membrillo por podar, queda entrar a machetazos en el bosquecillo de ailantos nuevos, quedan hierbas que arrancar y macetas que trasplantar. Quedan faenas propias del frío, pero cuando la parra ya está limpia es porque junto al arce japonés ya brotan los jacintos, diga lo que diga el calendario.

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