13.12.05

Pombo


En El metro de platino iridiado, su mejor novela y una de las cinco o seis grandes novelas españolas del siglo XX, Álvaro Pombo creó a una heroína, María, imagen del bien, ejemplo y medida de un coro de personajes desgraciados (en el más amplio sentido de la palabra) que a su vez eran, o parecían ser, reflejos fragmentados de una sola personalidad real, débil, defectuosa, y por lo tanto, acaso, más humana que aquel maravilloso personaje. “Vuelvo porque los quiero”, dice María, en una de las escenas más emocionantes que yo haya leído jamás, cuando ha intentado huir de quienes la traicionaban pero es consciente de que al mismo tiempo la necesitan para sobrevivir.
“Me quedo porque aquí me quieren”, dice ahora, en Contra natura, su última novela, el personaje de Salazar, tan opuesto a María como puede serlo el egoísmo al desprendimiento, y al decirlo abandona a los que lo quieren, otro coro de desgraciados que, contrariamente a lo que sucedía en El metro, se ganan nuestra simpatía y nuestra compasión. Para los aficionados a Pombo, los personajes recuerdan a los de El cielo raso, un joven y dos viejos desdoblados, más incluso que a Ortega y a Quirós en Los delitos insignificantes, pero en este caso es como si Pombo hubiera querido ofrecernos una cura de crudeza, un acto casi ascético de no negar los atributos de la podredumbre. El repulsivo Salazar es una forma de ponderar a todos los demás pobres de espíritu que lo rodean como rodeaban los muchachos a Tiberio en las espeluncas de Capri. Es, en rigor, un personaje irreal (por muy verosímil que sea) que provoca realidad en los demás.
Yo no sé si su visión descarnada del deseo es una especie de purga, como a veces tiende uno a barruntar, pero da lo mismo porque su prosa sigue siendo la más original y la más brillante y mejor dicha (sobre todo dicha) de todos los escritores de su generación. Su último reto es ser sincero, despojada, dolorosa, trágicamente sincero, en ser nítido y desnudo en medio de la portentosa marejada de su escritura. Suena como a promesa, como a acto de fe. Y suena divinamente.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.