12.10.19

Avellano


De modo que los árboles fundacionales de este huerto son los avellanos, que se crían tan bien que algunos hortelanos los utilizan, además de para recoger las avellanas, para formar setos en las vallas. Aquí, por coherencia con el nombre de la acequia, fue lo primero que se plantó, y los avellanos han crecido como arbustos, y sus hojas redondeadas, pequeñas, dentadas, acolchadas, y sus ramas sueltas y cadenciosas, como de haya pequeña, descomponen la luz en gotas de sol que lo atraviesan y jaspean la superficie del agua. Al contrario que las de las parras, sus hojas mantienen el verde claro pero van tiñéndose de ocre por los bordes, como un ribete seco que irá avanzando con el frío.
Este próximo febrero plantaremos unos cuantos más en los huecos libres de la orilla, en el muro donde crecen los lirios, en el camino de bajada. Siempre los he visto de cerca, el ramo de varas diseñado para que ninguna hoja se toque con la otra, pero también quisiera ver esas matas grandes de hoja pequeña que al moverla el viento gira y los enveses centellean, arbustos llenos de huecos, celosías de luz, cuidadosamente abiertos, nunca demasiado altos y siempre llenos de hijuelos. Dejamos que los arbustos sean arbustos, lo mismo los membrillos que las lagestroemias, que las ramas finas mamen de la raíz tumbada. Demasiadas veces el árbol es un empeño del agricultor cuadriculado más que un designio de la naturaleza. En el caso de los avellanos, cuando se los hace árbol, como el tronco nunca es muy grueso, parecen raquíticos y como avergonzados, arbolillos con turbante aparatoso, se aprietan las hojas en ramas de una rama y el avellano pierde su primera gracia, la de ser traslúcido, y muchas de sus utilidades. No creo que a un zahorí sensato se le ocurra cortar la rama de un avellano hecho arbolillo, antes bien buscará el ramón nacido de la raíz primera, para que, hecho a chupar de la raíz, se estremezca entero cuando barrunte la humedad. Seguramente el fenómeno magnético real de las varas de los zahoríes tiene también una hermosa explicación.
Espero que vivan muchos años y se junten con los nuevos, de tronco más rojizo, pero si alguno se seca, y yo lo veo, cortaré sus flexibles ramas para construir un tonel donde meter las últimas gotas de vino de las parras viejas.

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